viernes, 14 de agosto de 2009

Manifiesto por una poesía sin pureza

Es muy conveniente, en ciertas horas del día o de la noche, observar profundamente los objetos en descanso: las ruedas que han recorrido largas, polvorientas distancias, soportando grandes cargas vegetales o minerales, los sacos de las carbonerías, los barriles, las cestas, los mangos y asas de los instrumentos del carpintero. De ellos se desprende el contacto con el hombre y de la tierra como una lección para el torturado poeta lírico. Las superficies usadas, el gasto que las manos han infligido a las cosas, la atmósfera a menudo trágica y siempre patética de estos objetos, infunde una especie de atracción no despreciable hacia la realidad del mundo.

La confusa impureza de los seres humanos se percibe en ellos, la agrupación, uso y desuso de los materiales, las huellas del pie y de los dedos, la constancia de una atmósfera humana inundando las cosas desde lo interno y lo externo.

Así sea la poesía que buscamos, gastada como por un ácido por los deberes de la mano, penetrada por el sudor y el humo, oliente a orina y a azucena salpicada por las diversas profesiones que se ejercen dentro y fuera de la ley.

Una poesía impura como traje, como un cuerpo, con manchas de nutrición, y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilia, profecías, declaraciones de amor y de odio, bestias, sacudidas, idilios, creencias políticas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos.

La sagrada ley del madrigal y los decretos del tacto, olfato, gusto, vista, oído, el deseo de justicia, el deseo sexual, el ruido del océano, sin excluir deliberadamente nada, sin aceptar deliberadamente nada, la entrada en la profundidad de las cosas en un acto de arrebatado amor, y el producto poesía manchado de palomas digitales, con huellas de dientes y hielo, roído tal vez levemente por el sudor y el uso. Hasta alcanzar esa dulce superficie del instrumento tocado sin descanso, esa suavidad durísima de la madera manejada, del orgulloso hierro. La flor, el trigo, el agua tienen también esa consistencia especial, ese recurso de un magnífico acto.

Y no olvidemos nunca la melancolía, el gastado sentimentalismo, perfectos frutos impuros de maravillosa calidad olvidada, dejados atrás por el frenético libresco: la luz de la luna, el cisne en el anochecer, "corazón mío" son sin duda lo poético elemental e imprescindible. Quien huye del mal gusto cae en el hielo.


Madrid, octubre de 1935.

jueves, 13 de agosto de 2009

Sí, y ahí me quiero meter =D

Eso de dominar el mundo me ha convencido completamente. De todas formas ya estaba matriculada antes de verlo, así que la venate masoquista la tengo ya de antes.

En teoría, el día 1 de septiembre empiezo un bonito curso-preparatorio (algo así como un manual de supervivencia) en la misma Escuela, así que actualmente me quedan 18 días de vacaciones. Bueno, que entre estudiar química, las clases particulares de francés y que en mi casa no paro, ya me he quedado sin verano, pero yo misma me lo he buscado.

En realidad soy muy masoca pero tengo ilusión por empezar. Sé que voy a morir de tanto estudiar pero oye, hay gente que sobrevive! (y algunos que hasta quieren más y se hacen el doctorado!)

Next aim: SOBREVIVIR!

A ver que me encuentro ^^

Mordiendo el polvo

Me da rabia no poder prometerme a mí misma no echarte nunca más de menos. Hace demasiado poco, por ejemplo, estuve chocándome contra las paredes porque me apetecía irremisiblemente un abrazo tuyo. Sé que esos abrazos nunca podrán volver a repetirse: yo ya he perdido la inocencia y tú nunca me volverás a querer. Asia y Allan están muertos, criando malvas cada uno por su lado: él descansa probablemente en una isla del Pacífico mientras que ella se introdujo vía intravenosa una dosis de morfina al 80% de pureza. 

Y esto es lo que me queda. Un despecho, una canción de María Jiménez (Ora pro nobis) y un par de autores, un par de pelis y un par de músicos apartados de mi vida por traerme demasiados recuerdos. Cortázar (es como si me lo leyeras al oído), Onetti, Alanis Morissette, Jethro Tull, Extreme. 

La anterior entrada era una declaración de intenciones. No puedo prometer que no vuelva a llorar (aunque casi), aunque por supuesto que no esondía un ojalá ni un ganas de tí. Sólo busco maneras de olvidarte, de esconderte en una esquina y dejar que Lina te llame en paz Sensei. Tierra por encima, que no me pese más esa certeza de que he quedado como una anécdota tierna, como la que os presentó, como una niña que escribía cosas bonitas pero no sabía lo que hacía. No me quitaste un peso de encima aquél 8 de junio, como afirmaste. Me rompiste las alas, me colgaste de los tobillos dos bloques de granito con tu nombre. Sigo sin saber porqué, porqué dejaste de quererme en dos días, porqué decidiste echarme de tu vida. Espero, al menos, que seas más feliz así. Y si no lo eres, lo siento en el alma, pero tu mente científica te prohibe dejarte llevar por un corazón loco. 

Hasta ese único lugar que teníamos como absolutamente nuestro ha desaparecido. Ya no te representa. Todo eso ha muerto. No me creo que lo guardes, no creo que te importe en lo más mínimo ahora mismo. No creo que te acuerdes de aquellos abrazos, de aquellas sonrisas tiernas, de cuánto me gustaba acariciarte las manos. Ya no creo que yo misma sea inolvidable, creo que ya me has olvidado. Ya ni me sorprendería que me dijeras que nunca estuviste realmente enamorado de mí, a pesar de tantas palabras hermosísimas que aseguraban lo contrario y que seguro que tampoco recuerdas. O que seguro que ahora te arrepientes de decir. ¿Y de cómo se me enrojecían las mejillas cuando me regalabas alguna caricia destrangis? ¿Y cuando me escribiste que mi sonrisa era un regalo, sin exagerar? C'est payé, balayé, oublié...

En fin, payé, oublié, ya no queda Asia que te quiera ni María que sueñe despierta. Me queda un regusto amargo, certezas y no tan certezas y una bonita herida por bandera. 

Tengo cosas mucho mejores que hacer que quererte. Y tú, no lo dudo.

Ciao, bello



martes, 11 de agosto de 2009

Adoptaciones de un olvido

Este adiós no maquilla un hasta luego este nunca no esconde un ojalá estas cenizas no juegan con fuego este ciego no mira para atrás este notario firma lo que escribo esta letra no la protestará ahorrate el acuse de recibo estas vísperas son las de después a este ruido tan huérfano de padre no voy a permitirle que taladre un corazón podrido de latir este pez ya no muere por tu boca este loco se va con otra loca estos ojos no lloran más por tí.


Ya no espero en una sala de espera sin esperanza 
el timbre ya no funciona 
no voy a vengarme con un helado de fresa  
y mi amor no tenía muebles.  
Las campanas doblan por Asia  
por desgracia no hay mitades partidas por la mitad,  
Judas nunca me ha besado, he quemado la cruz,  
los presidiarios ya no visten de rayas  
y me he curado con más orgullo que humildad.  
Un salto transoceánico de 600 metros 
ganas de querer, y tú de serlo 
arrabales con grillos y estrellas, quemo la primavera  
prefiero las dagas a las espadas  
y ninguno de los dos llevamos anillos.  
No juego con muñecas  
las flores se quedaron en tu jarrón  
la calma después del huracán  
horas perdidas, noches perdidas  
y un martes que nunca volverá  

por desgracia no puedo afirmar que serán los últimos versos que te escriba  

Un museo de recuerdos disecados  
un corazón loco, sin domesticar  
principesca sin trono de las pelusas de debajo de mi cama  
espinas de flores sin espinas  
aprendiz de gavilana.  
Lágrimas de niña en una barba  
Barba Azul sigue sin encontrar su orma,  
"nunca" y "siempre" son sarcasmos lingüísticos  
entre perderme por ahí y dormir en los tejados.  
Una armónica que nació sin inocencia  
canturreando un times they're a-changin'  
una sonrisa que escondía una despedida  
gesto dulce que se olvida  
pero un olor que no.  
cuando salgo a la calle ya no llevo el corazón, por si los ladrones  
piedrecitas en un embudo de una voz rasgada  
manos que recuerdan tu tacto,  
y una mujercita viuda  
que no hace más que cantar.